Tú sabes que te miento cuando digo que te amo. No
que no te amé pero la palabra resulta tan ajena, tan insuficiente. ¿Qué es, me
pregunto?, pero la cuestión sobra. Odiosas definiciones.
Diría que en vez de entregarme, prefiero compartirme.
Me pertenezco, lo sé. Un tanto infiel a la concepción del mundo al respecto. Es
que la vida adulta es tan compleja, pero tan extraña. ¡Tan extraña!, digo, que
aquellos que gozan ya de la experiencia permiten con benevolencia que los
novatos de ilusionen y caigan en vez de tenderles la mano. Es cierto, ellos
saben que nadie aprende de experiencia ajena, pero ¡qué ayuda nos brindarían al
decirnos un poco de la verdad!
Tienen razón, aun cuando nos dijeran, somos
jóvenes. Somos ciegos, somos sordos, somos estúpidos e imprudentes y nos gusta.
Nos sentimos vivos, experimentamos a través de la confusión, del dolor, de la
miseria, de la ira, del miedo, de toda suerte de pendejadas que hacemos para
sentir el golpe de adrenalina que nos vuelve impredecibles, imparables,
inmortales.
Pero nuestros huesos se rompen, nuestra carne se
abre, ¿y nos interesa?, no mientras sigamos siendo jóvenes… no, ¿qué nos interesa?
¡Ésto!
Te amo y lo sabes. ¿Me amas?
Y moriré si no es así.
Mi cuerpo no se desvanece y aun cuando de hecho
llegara a morir, no se va. Se desintegra y vuelve para formar parte de otras
cosas. Ni siquiera en esa insignificancia me veo satisfecha, es demasiado
ambiciosa.
Pero no me amas y sí muero, una parte de mí muere
cada día con tu rechazo y sin saberlo, cambio, cambio para ser algo a mi
desagrado. Me vuelvo más cobarde, intento ocultar que me herí al amarte y
comienzo a mentir para que nadie lo note. Quiero que me veas y me consueles
pero se supone que debo de seguir adelante porque se me dice que lo haga, que
no me arrepienta de nada.
Y el tiempo pasa y me vuelvo a enamorar y me
vuelvo a equivocar… eso asumiendo que de hecho haya una manera correcta de
hacer estas cosas. ¿La hay?, y ¿qué es lo correcto?, ¿es que todas las
relaciones deben de ir más o menos igual para ser “correctas”?, ¿y si la
nuestra nació para ser diferente, para ser incorrecta?
Mi madre dice que no existen dos parejas iguales
porque no hay dos personas iguales… no existen dos experiencias iguales y aun
así la tele describe al amor como algo doloroso y maravilloso, como algo dócil
y frágil. Yo creo que es una bestia, en cualquier caso algo similar a un gato, que
te lame cuando quiere y te rasguña y muerde cuando le place. Así de
impredecible.
Nunca llegaré a nada.
¿Pero, sabes?, creo que está bien no llegar a
nada. Moriré cuando sea vieja o incluso antes, debo admitir que soy realmente
imprudente y otro tanto torpe. ¿Quién sabe?, tal vez algún día alguien me mate
montada en mi bicicleta. Y ya que moriré, bien podría gozar del camino a
aquello, ¿no?, sólo los vivos sufren. Gozar, gozar… como toda una adolescente.
Gozo cuando lloro, cuando me enojo, cuando río,
cuando me aterro… siento la sangre correr prodigiosa, rápida y atropellada
dentro de mí y mi corazón latir a su propio compás, como le parezca, pues,
dentro de mí… y gozo porque vivo. Me siento viva aún cuando por amarte muero… y
aún con eso, respiro, respiro, sigo aquí y quien vive en mí cambia.
¿Me pregunto cómo seré en un año?, ¿otra persona?,
Y si es así, ¿qué tipo de persona me reemplazará en este caparazón vivo que
llamo cuerpo?
Espero que alguien bueno, realmente, que pueda
gozar de él con todo lo que tenga… alguien que haga que vivir a su propia
manera valga la pena y tal vez logre, aunque sea por un ratito, olvidarte.
Reemplazarte no estaría mal y en tal caso
estaríamos hablando de olvidar a ese otro. Estoy segura de que volveré a
equivocarme y me verás de nuevo aquí, escribiendo. No tengo remedio, yo nunca
aprendo… con suerte desaprendo, experimento y de todos modos tropiezo. Pero,
quién sabe, tal vez yo deba de estar en el suelo… no es tan mala idea.
Es decir, cerca del pasto, del agua, de la tierra,
no todo es tan malo. Tal vez algo florezca de mí y entonces, sólo entonces,
podré volver a cambiar.
Y en tal caso, me diría:
“Por favor no te olvides de ti, ama y déjate amar.
Sé que la idea es compleja, pero recuerda que naciste para eso. Ya sé que la
idea desagrada y que la palabra se queda chica. Pongámoslo así, entonces: Compártete,
repártete y reemplaza esas piezas que regales por otras piezas que recibas. Hílate
con otros, teje con los demás, buenos y malos, para que puedas gozar, vívete y
luego déjate ir. Empieza de nuevo, avanza siempre hacia donde quieras avanzar y
no temas, por favor no temas.
Respira, sé que puedes, confío en ti.
Te amo, me amo, continúa…”
Y cerraría los ojos para volver a intentarlo. Una
tiene que hacerse a la idea de caer porque no siempre es fácil golpearse y
levantarse, pero estoy segura de que algo saldrá, siempre sale algo, y con ese
algo seré plena, buscaré ser más feliz y gozar tanto como pueda de esta prisión
de mí.
Ana C.C.
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