lunes, 5 de febrero de 2018

Álbum de Supervivencia II: Acerca de las Conexiones.

bond

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SUSTANTIVO
1. (lazo) 
I felt a strong spiritual bond with him.Noté un fuerte vínculo espiritual con él.
2. (grillete) 
a. la atadura (f) 
She broke her bonds when she got divorced.Se libró de sus ataduras cuando se divorció.


"Eres una ambivalencia por autonomacia".
En esa simple frase llena de un muy mórbido afecto la persona con la que en aquel entonces salía se refirió a mí para describir la manera tan "inconsistente" en la que me conducía con y hacia las personas, sin dejar en claro mis intensiones ni mis relaciones. Siempre me he considerado un animalito sumamente independiente al grado que, de verse mínimamente truncada, interrumpida o agredida dicha independencia mi respuesta inmediata solía ser violenta en el sentido de denotar un rechazo inmediato, inminente y silencioso, pasivo pero decisivo. La cosa siempre ha sido bien simple: mis planes se elaboran con nadie en mente más que mi persona para ejecutarse.
De primera mano dicha noción de la vida pareciera bastante acertada en cuando a valores demás cosas, sin embargo la realidad de la vida es otra y siempre ha sido otra. Idealmente la independencia es un bien buscado por los capitalistas para sobreexplotar las necesidades emocionales de las personas; la independencia es pues, un bien bastante costoso y muy lucrativo que vista como se vende, resulta más bien dañina para la salud de todos nosotros. Mucho tiempo me tomó entender que dicha noción cambia bastante a lo largo de la vida y que lo que mi madre me enseñó para asegurarse de que tendría un futuro a base de trabajo e independecia sólo es aplicable si se piensa en esa independencia como la extensión de la unión, de la pareja, de la familia.
La realidad es que somos animales, puramente animales, y como animales necesitamos de afecto, necesitamos de apoyarnos en otros para sobrevivir, necesitamos ser amados, sentirnos parte, ser incluidos y sentirnos necesarios. No hay nada malo en ello, quiero pensar, porque todas las noches los miembros de las manadas se echan a dormir hechos bola y se acicalan con todo el afecto que sus pequeños seres les permiten.
Me tomó varios meses entender eso... o tal vez mucho menos. En realidad la idea me pegó desde un ciclo antes, cuando Marisa con todo el amor de su corazón me tomó de las manos para ayudarme a ponerme de pies tras todo el desmadre que armé con mis tantas herramientas a los 17 años. Tres años después de ese evento una ola de desgracias me coge por la espalda y me deja sin caminar, un gran amigo me abandona para perseguir uno de esos sueños con pinta de estática de la televisión y en esa pugna por sobrevivir la voz de la razón me llama, para variar, y extiendo la mano.
"¿Puedes ayudarme por favor?"
Dos llamados, una respuesta.
Durante esos meses Nayeli me ayudó a entender varias cosas, cosas que tal vez suenen de lo más natural pero que para mí hasta ese punto eran un misterio; por ejemplo para amar a alguien debo de habitarlo y dejarme habitar. Las personas sienten y saben, aún cuando carezcan de nociones definidas de este tipo, de forma inconsciente saben cuando alguien es honesto o no con ellas, cuando alguien se abre, cuando alguien los ama, cuando alguien oculta cosas. Siempre me considerado una mentirosa bastante buena, algo que en retrospectiva no debería de ser motivo de orgullo, y dentro de ese saber mi talento más fuerte, ese que saca a relucir las debilidades de los demás para tomarlas como mías, como mi secreto, creaba un enorme contrapeso. Yo era independiente, mis emociones eran mías y por tanto no había razón para compartirlas, en ese ínter me ocupaba tanto de las emociones ajenas y de sus secretos que la presión interna crecía descontroladamente.
Por ahí de marzo YO se hizo presente, por ahí de marzo necesité ayuda y por ahí de marzo descubrí que ese afán mío por amar a otros sin recibir nada a cambio daba frutos de manera similar a la que un árbol florece una década tras ser plantado. Una red maravillosa me sostenía. Entendí que para sanar debía de conectar con otros, aprender a expresarme, aprender a sacar mi tristeza, aprender a amarme, aprender a dejarme habitar. Sigo en proceso de ése último pues me es complicado aún ahora, once meses después, el permitir que se invada mi intimidad de esta forma, pero está bien.
Para madurar debía de dejarme habitar, para aprender debía de ayudar a otros, para sanar debía de dejarme amar y para dar era necesario recibir también. Sonará estúpido el pensarlo de esa manera, debió de haber sido obvio, pero el pensamiento individual y ególatra resulta en realidad bastante dañino, el pensar que una puede sola, que el pesar de esa sociedad debe de ser sostenido en hombros de cada uno en vez de en hombros de todos suena cruel y de otra manera idealista, pero ¿saben?, funciona.
Ella me ama y me comparte su pesar, yo la amo y comparto el mío, me tiende la mano, la tomo y le doy la mía, tiene de alguna manera sentido. Es aquí donde la diversidad resulta súmamente útil, la alegría de Aranda y la visceralidad de Anahí fueron en esta idea grandes pilares de otra más grande: para avanzar debía de entender desde otras perspectivas más absurdas, más simples, más humanas la vida a mi alrededor. Todos los eventos de este mundo son grandes casualidades, puede que sí y puede que no, están en manos de la unión social y es tonto pensar que se trata sencillamente de una horrible casualidad, casi tan tonto como no darse cuenta de que en realidad el cambio sí está en nuestras manos cuando se aparta el pensamiento individual.
Vaya idea más compleja.
Para sobrevivir debía de aceptar la ayuda de otros y moverme y aceptarme como parte de una comunidad al mismo tiempo que me reconocía a mí misma como un ser individual, como una ambivalencia autónoma, con ésa, mi muy mala costumbre de amar a otros antes que a mí misma y mi deseo por deshacerme de esa terca necesidad por minimizarme y a mis necesidades. Al final salió más o menos bien, sigo trabajando en ello.
Trabajar con la sociedad resulta mucho más complicado de lo que una pensaría con tanta presión emocional encima. Romper los lazos que antes tanto amaba y a los que era tan adicta es aún ahora bastante complicado (aunque ya está hecho), el desapego es complejo, el desamor es difícil, escoger mi bienestar por encima de las apariencias es doloroso. Él siempre me llamó transparente y tal vez para el mundo entero aún lo sea, tal vez en realidad soy una pésima mentirosa pero se me perdona a veces, todo ello es parte de esta ahora ya unificada ambivalencia de mi autonomacia. 

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